Decía José Luís Rodríguez Zapatero, presunto representante de todos los españoles (aunque no siempre tenga tiempo de demostrarlo) ante las Juventudes Socialistas que "ninguna fe puede oponerse a la ley". Y con esta frase, tan ridícula como la foto que preside este artículo, nos quedamos.
Supuestamente se refiere a la asignatura de Educación para la Ciudadanía (EpC), aunque con esas palabras cuesta creerlo. Está haciendo ZP referencia al derecho fundamental de la objeción de conciencia y su relación con EpC.
Es decir, un derecho reconocido en la Constitución, nuestra norma jurídica suprema (aunque le pese a algún socio de Gobierno del PSOE). Un derecho al que la ley tiene que someterse, porque de no ser así sería inconstitucional. Por si fuera poco, ZP está diciendo que ninguna fe puede oponerse a la adoctrinadora asignatura socialista de EpC (un momento de respiro, se escuchan risas... seguimos). Es decir, que los derechos fundamentales a la objeción de conciencia y a la libertad religiosa, fundamento básico (como todo derecho contenido en la Constitución) de nuestra convivencia, contenido inalienable que la ley no puede menoscabar, ¿no están por encima de EpC?
Pues efectivamente lo están, por mucho que le pese a ZP, y con esa afirmación tan radical como desafortunada demuestra un total desconocimiento del Derecho: la ley nunca puede contradecir la Constitución. Por consiguiente, tanto la objeción de conciencia como el respeto a la libertad religiosa debe motivar la actuación no sólo del Parlamento sino también del Presidente del Ejecutivo. Y eso es precisamente lo que no está ocurriendo: bajo un engañoso manto de "estado aconfesional", se intenta minar algo tan esencial como los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Valencia repetirá America's Cup: otra oportunidad, ZP
No siempre la vida nos da segundas oportunidades cuando cometemos errores imperdonables, porque precisamente ahí está la gracia de tomar decisiones: procurar acertar a la primera sin posibilidad de repetir la opción. Pero también hay otras muchas situaciones en las que sabemos con certeza que se podrá volver a decidir, partiendo del error cometido que afortunadamente puede enmendarse.
En la 32ª edición del la America's Cup (Copa de América de vela, no confundir con la recientemente celebrada Copa América de fútbol) Valencia fue la exitosa sede proyectada a nivel mundial, y durante toda la competición el presunto representante de todos los españoles (incluidos aquellos que no le votamos, como los valencianos) Rodríguez Zapatero, no hizo acto de aparición. La duración superó un mes, y la excusa de "agenda ocupada" engaña sólo a unos pocos forofos de ZP.
La comunidad foral navarra, en el mapa coloreada de rojo para los foráneos, cuyo derecho foral es realmente peculiar (puesto que es el único territorio en España donde la costumbre foral prevalece ante la Ley escrita), sigue sin Gobierno. Tras casi 2 meses desde las elecciones, y contra todo pronóstico, sus parlamentarios siguen sin lograr un acuerdo que dé estabilidad a la Comunidad.
Y sinceramente por muchos acuerdos a los que lleguen los partidos, viendo la composición de la Asamblea Legislativa navarra será imposible que la estabilidad se consiga. A menos, claro está, que se convoquen nuevas elecciones y el panorama político gire radicalmente.
Con la facción nacionalista tan reforzada, la denominada Nafarroa Bai (que significa Navarra Sí, aunque de forma incomprensible porque su programa niega la esencia navarra con la única intención de subordinar la comunidad foral al País Vasco), se ha logrado que el acuerdo político, tan esencial para que exista un Gobierno estable, no se logre. Y por tanto, ese "Navarra sí", se ha traducido en Nafarroa Ez (es decir, Navarra No), no sólo porque el partido niega la identidad propia de Navarra como pueblo autónomo sino también porque sus ideas radicales impiden que exista un acuerdo de Gobierno. Incluso es más factible la hipótesis de pacto UPN-PSN que cualquier otra en la que NB entre a gobernar.
La primera vez que se lee un estudio sobre igualdad laboral, sin duda parece algo serio a tener en cuenta. Si nos dicen que la mujer cobra menos por hacer el mismo trabajo que el hombre, la palabra injusticia nos vendrá a la mente ipso facto. Y si vemos una campaña del Ministerio de turno para acabar con esa injusticia, mentalmente la apoyaremos.
Sin embargo hay cosas que no me quedan claras con respecto a la seriedad de dichos estudios. ¿Cómo se elaboran? ¿Qué trabajos se comparan? Porque en la práctica, no conozco ningún caso de una mujer que afirme cobrar menos que su compañero de trabajo, o que demande a un empresario por discriminación salarial.
El reciente informe de la Comisión Europea al respecto, concluye con una cómica conclusión que, sinceramente, me resultó simpática desde el primer momento en que la leí: "si los hombres ayudan en las tareas domésticas, las mujeres cobrarán igual salario que ellos".
Me regalaron este libro hace ya casi un año, y tardé mucho en concluirlo debido a los escasos minutos que dedico a la lectura. Pero sin duda quienes me lo regalaron saben comprender los motivos, que no son mi falta de afición por la lectura ni mucho menos.
Pues bien, en primer lugar me asaltaba el miedo al parecido o plagio con respecto a "Los pilares de la tierra". Dado que ambas novelas centran su trama en la construcción de una Catedral medieval, lo primero que pensé es que Falcones se habría limitado a copiar, con algunos matices diferenciadores, la genial obra de Ken Follet (y digo genial dejando de lado mi visión crítica, pues sin duda este autor podría merecer censura en ciertos aspectos de su forma pseudo-erótica de escritura).
Apartado este (infundado) temor inicial, y viendo que el parecido con la obra de Follet era prácticamente nulo, salvo en ese matiz de la construcción de una Catedral, empecé a disfrutar de la lectura de las más de 600 páginas del libro. Y si bien es cierto que lo disfruté mucho, no puedo evitar encontrarle ciertos rasgos criticables, sobre todo como valenciano, por la falta de respeto que tiene en relación con la realidad histórica de Valencia, Baleares y Aragón. Y todo por la defensa a ultranza del nacionalcatalanismo que, al parecer, se puede intuir como uno de los objetivos subliminales de "La Catedral del Mar". Una lástima que el autor tergiversara datos históricos en su defensa del catalanismo radical.