Como está de moda el tema de la memoria histórica (máxime ahora que Baltasar Garzón excede sus competencias penales ordenando un peculiar listado de "víctimas"), dejo aquí un enlace entrañable, que como católico me ha conmovido profundamente.
En palabras del Cardenal de Toledo, con ocasión de la Exposición "Toledo, Ciudad mártir 1936", la persecución religiosa desatada en España desde 1931 ha sido la "más grande de toda la historia, en personas, en templos, patrimonio,
imágenes… en tratar de erradicar por completo todo lo que se refiera a
la fe cristiana. Es un hecho, y los hechos hay que admitirlos como son,
no para arrojarlos contra nadie, sino, sencillamente, para transformar
aquello que debe transformarse en la conciencia de todos de una manera
fundamental. (···) "¡Padre perdónales porque no saben lo hacen!" (No sabían lo que hacían
entonces, no saben lo que hacen quienes persisten en su misma actitud) (···) Con esta Exposición queremos contribuir a la verdad que nos hace
libres, base de la paz, al testimonio del amor y de la fuerza de Dios,
vencedor de toda destrucción, sin quien tampoco cabe la paz, y a
promover la unión de todos, para que nunca se produzca entre nosotros
violencia ni ataque a la religión, a la libertad religiosa, sin la que
tampoco se puede edificar la paz". Lo peor de aquello no fueron los ataques al patrimonio artístico e histórico, ni la quema de Iglesias, sino el daño que se hizo a las personas por su relación con la fe católica. Pero como ocurría en la antigua Roma, con las persecuciones sangrientas, los mártires españoles alimentan la fe de las siguientes generaciones. Y es que con estos testimonios de mártires, es difícil no sentir escalofríos.